domingo, 2 de octubre de 2011

Noche rara de agosto.

Noche. Hora de dormir. El bosque estaba oscuro, solo se atrevía a ser oído el pequeño búho y alguna que otra criatura que no podía ser claramente identificada. Se desviaron del camino normal, les apetecía comer ¿comer a esas horas? Si, ¿parece extraño verdad? Cuando estaban disfrutando del último coco de aquella palmera solitaria vieron el lago, ese lago grande, transparente y con esa gran cascada. Que maravilloso era todo aquello. Se tiraron horas observándolo, pero de repente, sin darse cuenta, vieron sus reflejos en el agua cristalina. Subieron a lo más alto, querían ver el horizonte. Allí, solos. Desnudos.

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