Noche. Hora de dormir. El bosque estaba oscuro, solo se atrevía a ser oído el pequeño búho y alguna que otra criatura que no podía ser claramente identificada. Se desviaron del camino normal, les apetecía comer ¿comer a esas horas? Si, ¿parece extraño verdad? Cuando estaban disfrutando del último coco de aquella palmera solitaria vieron el lago, ese lago grande, transparente y con esa gran cascada. Que maravilloso era todo aquello. Se tiraron horas observándolo, pero de repente, sin darse cuenta, vieron sus reflejos en el agua cristalina. Subieron a lo más alto, querían ver el horizonte. Allí, solos. Desnudos.
domingo, 2 de octubre de 2011
Noche rara de agosto.
miércoles, 21 de septiembre de 2011
domingo, 18 de septiembre de 2011
perdida, sin rumbo.
Cuando encuentras la estabilidad siempre hay algo que lo golpe, lo alborota. Quizás nunca tuve estabilidad, quizás ni tan siquiera la busqué.
martes, 6 de septiembre de 2011
domingo, 28 de agosto de 2011
Amor de verano.
Amor de verano, que bonita paradoja. Puede incluso llegar a sonar ridículo, si ridículo, un amor tan efímero, tan lleno, tan loco, tan tonto, tan perfecto, no, no es verdadero amor, no puede considerarse así. Un sentimiento que tan pronto como viene se va, sin dejar rastro ni dar explicación. Un "amor" tan falso. Un amor que con un adiós sera suficiente, supongo.
lunes, 4 de julio de 2011
jueves, 28 de abril de 2011
sal y limón.
Era una tarde rara de viernes, quizás sábado. Hora de cenar, los niños se escondieron detrás de los retales de esa vieja y sucia manta, no importaba. Intentaban no hacer ruido para no ser escuchados, no funcionó.
Pero en ese momento cuando parecía que los niños se habían ido y la noche caído bajo nuestros pies, sonó ese trueno, millones de mariposas recorrían nuestro cuerpo entero, algo que no se puede negar. Los ruidos de los niños sonaron, murmuraban extrañados.
Salimos, queríamos ver como de bonita estaba la luna, nuestra luna. Y otro trueno volvió sonar, este duró más, mucho más, se podría decir que un año entero. Los niños ya no estaban, esperaban dentro de la guarida, escondido, asustados.
El trueno dejó de sonar.
Pero en ese momento cuando parecía que los niños se habían ido y la noche caído bajo nuestros pies, sonó ese trueno, millones de mariposas recorrían nuestro cuerpo entero, algo que no se puede negar. Los ruidos de los niños sonaron, murmuraban extrañados.
Salimos, queríamos ver como de bonita estaba la luna, nuestra luna. Y otro trueno volvió sonar, este duró más, mucho más, se podría decir que un año entero. Los niños ya no estaban, esperaban dentro de la guarida, escondido, asustados.
El trueno dejó de sonar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
